martes, 1 de julio de 2008

El moderno Prometeo


Hace muy poco he terminado un libro que me parece merecedor de un comentario, por breve que sea, y de una reflexión. Se trata de Frankenstein o El moderno Prometeo de Mary Shelley, cuyo personaje, a diferencia de otros mitos del terror como Drácula, nacidos de leyendas populares y recrados por literatos o cineastas, es fruto de la portentosa imaginación de la escritora inglesa.


Frankenstein tiene su origen en un ingenioso pasatiempo ideado por Lord Byron, durante unas vacaciones que disfrutó en Suiza, acompañado por el matrimonio Shelley y el doctor Polidori. Tras leer una antología de cuentos de terror populares en Alemania, Byron invito a sus amigos a inventar una historia de terror. Mary, tras un sueño, ideó a la criatura que nos ocupa. Con el tiempo, la historia, profusamente versionada en la literatura, el cómic y el cine - El Golem (1921), Doctor Frankenstein (1931) son ejemplos de películas magistrales basadas en este relato- se han convertido en auténtico mito popular.


La novela - considerada la primera obra sobre ciencia ficción - se plantea cuestiones como la moral científica, la ambición del ser humano al intentar ocupar el papel de Dios, o la inclinación natural del hombre hacia el bien o el mal y su envilecimiento o regenaración en contacto con la sociedad. Particularmente, el tema que más me interesa es el último.
¿Nacemos con una disposición hacia el bien o el mal, o la vamos adquiriendo conforme establecemos relaciones con nuestros semejantes? ¿Qué importancia tiene la influencia de nuestra experiencia para decantarnos hacia un lado u otro? Creo que el contacto con la sociedad, las vivencias que vamos acumulando, son las que van inclinando nuestra actitud y comportamiento hacia la benevolencia o la perversidad. Si es así, ¿no debiera ser el ambiente en el que se ha movido un individuo que ha cometido un delito, teniendo en cuenta fundamentalmente su niñez y adolescencia, un atenuante e incluso un agravante, en función de lo penoso o lo cómodo que haya sido este contexto?

viernes, 30 de mayo de 2008

Obsesión

(Relato muy breve y de hace unos años. Me da mucha pereza escribir y aún más verguenza mostrar lo poco que he hecho, pero alguna vez tenía que ser la primera).

Cada mañana, esperaba con impaciencia el momento de tomar el autobús para encontrarme con ella. Desde la primera vez que la vi, no podía apartarla de mi mente y la media hora de trayecto se me hacía escasa. Tanto que empecé por no apearme en mi parada, para conocer cuál era su destino, y desde allí ir caminando a la oficina. Al tiempo, aquello resultó insuficiente y me atreví a seguirla al desconchado edificio al que se dirigía cada mañana.

Un día el director de la empresa me llamó a su despacho y me dijo que mi rendimiento había bajado mucho y además llegaba tarde de forma habitual, por lo cual había decidido despedirme. Contesté con un lacónico y sonriente: no se preocupe, lo entiendo.

Esa nueva coyuntura me permitió montar guardia en la cafetería que había frente a su portal. La esperaba hasta que saliera para escoltarla en su largo paseo vespertino en dirección a la destartalada pensión donde se alojaba. Después de semanas de vigilancia, alcance cierta intimidad con el solícito camarero de aquel café, el cual me informó de que las chicas que entraban y salían de aquel edificio trabajaban en una casa de citas. Lo que en principio fue una desagradable sorpresa, pronto se convirtió en la oportunidad de mi vida. Aquella misma tarde la abordé, le dije que llevaba casi un par de años siguiéndola, que conocía donde trabajaba y que pese a encontrarme sin empleo, iba a luchar por redimirla y ofrecerle una vida mejor, más digna. Me miró atónita, y cuando logró recomponerse, se rió en mi cara, llamándome: enfermo, loco, desgraciado. Finalmente, me soltó que un hombre de negocios le había prometido un bonito apartamento y mucho dinero por dedicarse a él en exclusiva, y que no estaba dispuesta a perder ese tren por un fracasado como yo.

Días más tarde, supliqué a mi director recuperar mi antiguo puesto. Tuve que aceptar un menor sueldo y un horario leonino, pero fui readmitido. Más adelante, me ascendieron a jefe de departamento, y a los pocos años, tras la jubilación del director, fui su sustituto. Ahora tengo una esposa joven, guapa y complaciente, dos hijos preciosos, un chalet con piscina en una urbanización de lujo, su perro con pedigrí, y un coche de importación. De ella, -no recuerdo si llegué a conocer su nombre- no se supo nada más. Se lo advertí: sería mía o de nadie.

domingo, 11 de mayo de 2008

Otros ámbitos

Córdoba, Plasencia, Salamanca, Avila, Sevilla.
Esta semana ha sido bastante completita: congreso en Salmanca durante la semana, y boda en Sevilla como colofón a este periplo por tierras de nuestra España.
En esta ocasión aproveché para empacar junto con mudas, algún libro, y la bolsa de aseos -siempre "ligero de equipaje como los hijos de la mar" una camiseta, un pantalon de deporte y una zapatillas. Recordé lo que había disfrutado con la crónica de mi amigo Paco Montoro de su entrenamiento a orillas del Turia, y decidí emularlo modestamente -no por el río ni por el escenario, espectacular, sino por mis limitadas condiciones como atleta- corriendo por las orillas del Tormes. Estaba alojado en el Parador, por lo que sólo tenía que bajar la colina donde se erige este para encontrarme con el puente romano que comunica con el casco histórico de la ciudad.
Tan sólo puede salir a correr un día, el trasnoche y la intensa actividad de las jornadas impidieron repetir la experiencia, pero fue fabuloso. Los cuarenta minutos que duró mi carrera, comenzaron a trote tranquilo hasta alcanzar el puente romano, y dejarlo a un lado, tomando un camino de tierra que discurría sobre un verde parque, donde el ritmo fue volviéndose más vivo animado por la belleza del escenario que tenía a mí derecha: la Catedral Nueva de Salamanca, escoltada por las torres de otros templos. Más tarde, llegué a las pistas deportivas de la Universidad, atrevesándolas con resolución, para ascender por una interminable escalera a un moderno puente que me llevó a los jardines de un complejo hospitalario, desde el que alcancé callejeando, el centro de la ciudad. Las calles de la vieja Salamanca estaban casi desiertas -era muy temprano- y tan sólo cruce mi mirada con gente que iba probablemente a cumplir con sus obligaciones y con los ojos cansados de algún estudiante tras una noche de francachela. Llegué a ritmo vivo a la Plaza Anaya, rodeé la Catedral y bajé hasta el puente romano. Al cruzarlo apreté algo el ritmo para echar el resto en la colina que ascendía hasta mi alojamiento. La temperatura era perfecta, una mañana fresca pero no fría, el cielo estaba limpio de nubes y polución, y la vegetación -es una ciudad llena de parques y jardines- preñada de primavera. Para repetir.
En el viaje de ida tuve la feliz idea de hacer un alto en Plasencia -no conocía esta ciudad extremeña- y disfruté de un paseo por el casco histórico de está bonita y desconocida ciudad con un importante patrimonio histórico artístico (algo descuidado), enclavada en un espacio natural de una belleza impresionante.
A la vuelta, parada obligada, tenía que consultar en Ávila. Intenté -pues no los encontré- localizar unos documentos en el Archivo Militar, situado en la antigua Academia Militar de Intendencia, junto a la Plaza Mayor. He visitado muchas veces Ávila, pero nunca me deja indeferente esta pequeña y recoleta ciudad cargada de historia. Antes de continuar hice un alto en un concurrido bar, para reponer fuerzas con las que afrontar una larga jornada de viaje. Disfruté de una cerveza con una deliciosa tapa de paella (a continuación pedí un plato, pues me supo a poco), y del paisanaje entretenido en animadas conversaciones en torno a vasos de cerveza o vino.
Para el fin de semana, viaje a Sevilla para asistir a una boda. Conozco muy bien la ciudad, y me encanta su primavera, incluso pasada por agua como en esta ocasión. Ocasión excelente para ver a la familia, se casaba un prima, y apreciar el arte barroco del Hospital de la Caridad de Sevilla. Magnífica elección que permite recrearse con su altar, las esculturas de Pedro Roldán o las pinturas de Murillo o Valdés Leal (cuando vivía allí, eran frecuentes mis visitas a su templo para admirar las escatólogicas obras de este artista).
Finalmente, vuelta a la serenidad y seguridad del hogar, tras tantos kilometros, experiencias y recuerdos. Viajar es maravilloso, pues vuelve uno más rico y más lleno, para apreciar lo que uno tiene.

viernes, 28 de marzo de 2008

Tempus fugit

Ahora es fácil, todo es fácil, me basta un susurro
La Unión "Dónde estabais"

Tengo todo el día pegada esta canción a mi cabeza. Una de las mejores canciones de esta banda, todavía en activo, que me ha acompañado durante toda la juventud. He ido envejeciendo con ellos hasta convertirme en un señor maduro que se resiste a serlo, pero al que no le queda más remedio que asumir que la lozanía se amojama tarde o temprano.

Toda esta madeja de palabras para traer a colación el paso del tiempo y sus consecuencias. No me refiero a la decadencia física, que existe y se acepta con la mejor de las caras posibles, sino a nuestra evolución mental. La experiencia va dejando su poso, y día a día se vislumbra el camino un poco más claro, o un poco menos confuso. Y caminando, con paso firme y la mochila ligera, vamos aprendiendo a disfrutar del viaje, buscando la felicidad en las miradas ajenas.
Quizá sólo sea una torpe sucesión de tópicos, mal traída para una causa noble: defender el valor de la veteranía. Eso no quiere decir que no sea cierta

viernes, 21 de marzo de 2008

Arriba, siempre hacia arriba


Tras dos días de inactividad, decidí perserverar en mi buen propósito de alcanzar un mejor estado de forma, que me haga abandonar el furgón de cola al que sigo abonado en las carreras del Gran Premio de Fondo Diputación de Granada. Hoy lucía el sol, después de la lluvia copiosa y tan necesaria -lo siento por cofrades y aficionados a las procesiones- para nuestra tierra, y me apetecía salir a patear andurriales. Mis piernas estaban descansadas, por lo que he decidido acometer un terreno abrupto.


Nunca mido ritmo, tiempo o distancia, porque me gusta ir a mi aire disfrutando del paisaje y sin ningún tipo de presión. Aunque para que os hagáis un idea: trote cochinero durante una hora. Tampoco porto radio o mp3, la música la llevo en mi cabeza. Para hoy he escogido algo que acompañara al paisaje de pinos con un fondo nevado, sacando del baúl de los recuerdos a los Isley Brothers. Concretamente esa canción tan intensa y sensual -si lo dudas es que no has visto la escena entre Linette (Nia Long) y Alfie (Jude Law) sobre la mesa de billar- que se llama Living for the love of you. Mi equipo es bien simple: zapatillas Mizuno -las únicas que tengo-, mallas Champion y una camiseta de algodón con publicidad de Cruzcampo; pero suficiente para acometer el espinazo de una de las vertientes de Cumbres Verdes. Voy ascendiendo con dificultad por caprichosas veredas, a veces muy desdibujadas, a ritmo pausado pero constante. Noto el agotamiento en mis piernas, cuando mi corazón todavía trabaja sin excesivo sufrimiento, y continúo subiendo, repitiendo para adoptar una actitud corajuda: ¡hacia arriba, siempre hacia arriba! Un poco más adelante, mis piernas no responden y ya no queda arrojo. Decido cambiar de vertiente, desciendo mientras intento recuperar el resuello para luego tomar otra cresta y comenzar la bajada. Siento que los gemelos van aflojándose con la suave cadencia de mi marcha, tras el agarrotamiento de la subida, y progresivamente voy sintiéndome mejor. Finalizo en una cuesta con fuerte pendiente, a la que me enfrento con rotundidad para someterla con la satisfacción del deber cumplido.

Ya se que no es gran cosa, pero contado así, uno se imagina la gesta de un atleta de la Grecia clásica. Sólo es un entrenamiento para preparar la próxima carrera del Gran Premio de Fondo -Loja- y no quedar en una posición tan lastimosa para mi maltratado orgullo.

¡Seguiremos en el empeño!

jueves, 20 de marzo de 2008

Orto

Hola a todos:

Aquí comienza -modestamente- la andadura de mi blog. Tenía ganas de crear uno, pero siempre me han causado cierto recelo las nuevas tecnologías, pues me veo muy torpe en estas lides. Como veis, he logrado superar mis miedos y lanzarme al vacío, sabiendo que hay red.

Sólo quiero un espacio donde poder expresarme -me cuesta tanto- y contar qué me gusta, las preocupaciones que me asaltan, las cosas que me interesan... También deseo -es gratis- que sea un lugar abierto, donde pueda aprender, enriquecerme y tender nuevos lazos. Pero también aportar, por poco que sea.

Mi propósito es que la temática sea variada, aunque por el título ya imaginaréis alguno de los asuntos estrella: novela (victoriana, gótica y negra especialmente), cine (clásico)... En este momento de mi vida lo que no me sobra es tiempo libre. Podéis imaginar que el ritmo con el que iré añadiendo contenidos será cachazudo e inconstante; esto último no tiene que ver con mis circunstancias actuales sino con mi forma de ser.

En fin, ¡BIENVENIDOS!