domingo, 21 de noviembre de 2010

Neutralidad o trágala

Es domingo, y antes de realizar mis ejercicios matutinos, decido acercarme a una cafetería para hojear el periódico y ponerme al día, mientras saboreo un buen cortado. Ideal está libre, leo la portada, vuelvo la página y me encuentro con la carta del director, Eduardo Peralta, con el curioso título: “La neutralidad de los funcionarios”

El director del periódico nos acusa a los funcionarios, pero no a todos sino a “determinados trabajadores” que mantienen “una pertinaz postura”, de agravar el conflicto provocado por la aprobación del decreto de reordenación del sector público andaluz. Enfrentamiento que mantenemos, según el señor Peralta, pese a que los sindicatos UGT y CCOO firmaran un acuerdo con la Junta, cuando estos representan el 75% del sector en la mesa general de la función pública.

CSIF, sindicato mayoritario entre los funcionarios, y el Partido Popular -aquí el periodista relaciona sutilmente sindicato y agrupación política como dejando caer de forma velada que siguen una estrategia común- entienden que el decreto “a su juicio” supone un atropello que vulnera los derechos de los empleados de la Junta. Quieren evitar “dicen” que 25.000 personas que han entrado como enchufados por el PSOE permanezcan para siempre.

En el siguiente párrafo, expone los argumentos de la consejera Carmen Martínez Aguayo y el presidente Griñán, pero aquí es cuando se echan de menos los matices introducidos por expresiones como “a su juicio” o “dicen” que indican opinión, subjetividad o sesgo, y que emplea cuando se refiere al sindicato CSIF y al Partido Popular.

Por último, el director del periódico nos pide que seamos un ejemplo de neutralidad política –volviendo a la idea de vincular las protestas de los funcionarios con el Partido Popular- y dejemos decidir a los tribunales, en lugar de “estar en la calle con altavoces y reivindicar desde una situación de privilegio, con un puesto de trabajo garantizado, parece excesivo cuando en Andalucía tenemos casi un millón de parados cuyas voces no escuchamos, y se encuentran en una situación claramente peor.”

Sr. Peralta, me gustaría precisar varias cosas:

- Entre el personal laboral y funcionario de la Junta de Andalucía existe una amplia mayoría que está en contra del decreto. Utilizar “determinados trabajadores” es emplear el lenguaje de forma torticera porque transmite la noción de que se trata de un grupo minoritario y radical. Exactamente la misma idea que se intenta difundir desde la dirección del PSOE andaluz.

- En relación con los funcionarios, los sindicatos CSIF, USTEA y SAF representan alrededor del 75 % de este personal, y que por tanto son ellos los que tienen la legitimidad para negociar cualquier tipo de norma que afecte a este colectivo.

- No existe ninguna estrategia común entre los funcionarios y el Partido Popular, ni las protestas están orquestadas por este partido; y que su velada acusación de connivencia también coincide con la que desde el PSOE andaluz - ellos de forma palmaria- se intenta transmitir.

- Es un privilegio en tiempo de crisis tener un puesto de trabajo garantizado, pero que también ello lleva aparejado años de estudio, sacrificio y esfuerzo para aprobar unas oposiciones.

- Los funcionarios no somos unos trabajadores insolidarios, preocupados únicamente por mantener sus privilegios en una región con un millón de parados. Hemos sufrido un importante recorte en nuestros magros sueldos para hacer frente a la difícil situación económica (quien escribe esto ha recibido un recorte en sus ingresos de un 7% en el 2010, y para el 2011 le espera, no la congelación de sus sueldos, como nos dijo el presidente Zapatero, sino un nuevo, y oculto, recorte de un 5% a costa de una reducción drástica de las pagas extras).

- Tenemos todo el derecho del mundo de protestar contra un decreto abusivo, que pretende acabar con un modelo de función pública aprobado por la Constitución española, que dota al empleado público de la independencia necesaria para anteponer el interés general a cualquier cálculo partidario (por cierto, eche de menos una mínima referencia a la manifestación en la que participaron más de mil empleados públicos que tuvo lugar pasado miércoles, 17 de noviembre). O lo que es lo mismo, defendemos una Administración al servicio de los andaluces y no de un partido político.

Por todo ello, le ruego encarecidamente, respeto a los funcionarios y rigor y objetividad a la hora de abordar un asunto tan importante como es el futuro de los servicios públicos.

martes, 2 de noviembre de 2010

La reordenación del sector público o la “legimitación” del enchufismo

Cuando pienso en los políticos socialistas, especialmente en los que están al frente de la Junta de Andalucía, siempre me acuerdo de Jardiel Poncela – gran novelista y dramaturgo del absurdo que tuvo la desgracia de no militar en la izquierda y ser condenado al olvido - cuando decía “los políticos son como los cines de barrio, primero te hacen entrar y luego te cambian el programa”.

Y digo esto, porque tras casi tres décadas de estar instalados en el gobierno autónomo, cuando sienten que por vez primera hay posibilidades reales de que sean desalojados de él en las próximas elecciones autonómicas, quieren dejar una pesada y peligrosa herencia a los –posiblemente- nuevos inquilinos. Hábil maniobra, aunque carente del más mínimo escrúpulo. De una jugada, en forma de Decreto-Ley de Reordenación del Sector Público Andaluz, podrían manejar la Administración autonómica desde la oposición y colocar definitivamente a los afines.

Entre esta peculiar suerte de trabajadores, seguro que podemos encontrar excelentes profesionales, pero también, y probablemente son mayoría, personas cuyo mayor mérito ha sido su militancia en el PSOE y/o su amistad y/o relación familiar con algún cargo de este partido. Resumiendo: lo que de toda la vida se ha llamado “enchufados”.

Los sindicatos de las subvenciones públicas millonarias: CC.OO. y UGT, empeñados en forrarse a costa de perder totalmente su ya dañada credibilidad ignorando las demandas de los afectados, son los cómplices del abuso de nuestros gobernantes, al firmar un acuerdo para que el decreto salga adelante. Menuda papeleta la de los representantes sindicales en los centros públicos cuando tengan que explicar a sus representados las oscuras razones que han movido a rubricar el acuerdo, y tratar de atajar la catarata de bajas en las afiliaciones entre los empleados públicos de toda la vida.

Nuestros ínclitos gobernantes aducen que la “maniobra” es en pos de una Administración más eficiente. En vista de tan peregrino enfoque de la situación, propongo, ya que la lengua evoluciona con la sociedad, que la Real Academia Española se plantee “enchufismo” como sinónimo de “eficacia”. Cosas más raras se han visto.

lunes, 4 de octubre de 2010

Flower power (Joel Hershman, 2000)


Hace unas semanas, de entre los dvds pendientes de ver, decidí rescatar del anaquel una película de una colección de cine que ofrecía “Público” con la compra del periódico. No esperaba gran cosa: quizá fuera una carátula poco atrayente, una sinopsis poco motivante, una “traducción” del título libre y errada, o simplemente que fuera de un director desconocido. Y eso a pesar de contar con un reparto donde figuraba mi adorada Helen Mirren. Una actriz con un talento prodigioso, una sensualidad y una elegancia portentosas, y que como los buenos vinos, gana con los años.

La película en cuestión era Flower power -extraña traducción (o simple reinvención) para una película originalmente titulada Greenfingers- y narra la historia de un grupo de presidiarios británicos, que llegados a un establecimiento penitenciario bastante singular (los presos viven en un régimen más parecido a una residencia de estudiantes que una cárcel, que forma parte de un experimento que lleva a cabo el Ministerio de Prisiones de Reino Unido) que busca la redención de sus internos con una serie de programas de inserción laboral. El director de la institución, en vista de que los nuevos presos no muestran el más mínimo entusiasmo por ninguna de las actividades que oferta, decide crear un nuevo programa: la jardinería. El variopinto grupo, comandado por Colin (Clide Owen), un joven con un talento innato para las plantas, y Fergus (David Kelly) un refinado anciano cargado de sensibilidad y sentido común, tendrá como mentora –gracias a una visita accidental a la prisión- a la señora Woodhouse (Helen Mirren), gurú nacional de la jardinería.

Para articular la historia, el director se vale de una nómina de actores que mezcla la veteranía de David Kelly (actor con una amplia trayectoria teatral) o Helen Mirren con la juventud de Clive Owen y la bisoñez de Adam Fogerty (boxeador y jugador de rugby profesional que resuelve felizmente la que probablemente es su ópera prima en la interpretación dando vida a un hilarante personaje).

Flower power es una comedia agridulce, sencilla y excesivamente ingenua, que muestra que los ambientes más sórdidos también están poblados por tipos honestos que cometieron algún grave error que llevan marcado a fuego en su conciencia, o que simplemente la vida no les ofreció ninguna oportunidad, y que merecen ser redimidos ya sea a través de la jardinería o de cualquier otra cosa que les devuelva la esperanza de que este mundo también puede ser un lugar amable.

Por cierto, que además de ser una película que se deja ver y transmite un mensaje muy positivo (pondríamos decir que hasta candoroso, pero que tampoco vienen mal viendo los tiempos que corren), tiene la guinda de una banda sonora muy notable (Springsteen, Sting, Elton John, Tears for Fears, U2 y el mismísimo George Frideric Handel). Merece la pena

domingo, 19 de septiembre de 2010

La expulsión de Sarkozy


La comunidad gitana en España ha sido, antes de la llegada masiva a partir de finales los noventa y en una época de bonanza económica, de marroquíes, hispanoamericanos y ciudadanos de Europa Oriental, y tras la expulsión de moriscos y judíos una vez conquistado el Reino de Granada, la minoría étnica más importante – numérica y culturalmente- de nuestro país.

Los gitanos, aunque provenientes de la India, llevan siglos instalados en esta tierra y tienen tanto derecho como el que más a ser españoles. Resulta obvio, pero conviene recordarlo para individuos instalados en el prejuicio.

Dicho esto, y sin entrar en si la medida de expulsión de ciudadanos asentados en campamentos de Francia de Sarkozy es adecuada o totalmente equivocada, dos apreciaciones:

- Desde distintos medios se ha intentado manipular la información, achacando a tal medida motivaciones racistas. Sinceramente no creo que la xenofobia sea una de las razones de tal decisión (no todas las personas expulsadas son de etnia gitana), sino más bien cuestiones de seguridad. Y ya que hablamos de las razones que mueven a tal decisión, cabría preguntarse por el populismo de la medida en un momento en el que la popularidad del presidente francés es manifiestamente mejorable.

- Causa estupor el apoyo de Zapatero a Sarkozy. El hasta hace poco adalid de los derechos sociales, defensor de los más desfavorecidos, ahora, y tras el mayor recorte social que ha vivido España en unas cuantas décadas, nos sale con esto. Últimamente cuando escucho a ZP siempre me viene a la cabeza una frase de Groucho Marx en el “Hotel de los Líos” o “Room service” (William Seiter, 1938): Estos son mis principios, si no te gustan tengo otros. ¿Por qué será?

sábado, 24 de julio de 2010

El Mundo en tus manos

El mundo está en tus manos, reza un estribillo de una canción que se oye últimamente en las radiofórmulas y que no deja de martillearme la cabeza. La letra de ese espléndido e incombustible grupo musical, liderado por el gran Rafa Sánchez y que es La Unión, nos invita a ver este mundo con ojos de niño, y tratar de cambiarlo con la ilusión y la inocencia de los primeros años, y así legar a nuestros hijos y nietos una versión mejorada del actual (muy perjudicado).

No sé si la solución está en la economía sostenible –ahora parece que para que cualquier cosa sea buena debe llevar adherido este manido adjetivo- o si se trata de un camelo más con el que los políticos de turno continúan tomándonos el pelo.

En cualquier caso está bien que la música pop, además de un vehículo de ocio y distracción, también trate de transmitir mensajes oportunos. Quizá alguno pueda pensar que la letra es un tanto naif, pero esto no es un ensayo sesudo, sino letra y música fresquitas y con moraleja. Para mí, y en estos tiempos que corren, ya es bastante.

¡Chapeau, La Unión!

lunes, 29 de marzo de 2010

Landero-Salinger


Cuando viajo, ya sea por motivos laborales o por placer, siempre – o casi – sigo el mismo ritual. Me levanto muy temprano para dar un paseo matutino por el lugar, en busca de un céntrico café situado en una concurrida calle para desayunar acodado en su barra. Hojeo un periódico - preferiblemente local - y entre noticia, sorbo y bocado, ojeo a la clientela o a las personas anónimas que, diligentemente unas y apesadumbradas y cabizbajas otras, se dirigen a sus quehaceres. Quizá es que sea algo cotilla, o simplemente es que me gusta imaginar dónde se dirigen, cómo son sus vidas, qué ilusión les impulsa o qué miedo los atenaza. Además disfruto, cada vez más en un mundo tan globalizado, comprobando cuan diferentes somos aún por poca distancia que nos separe.

Mi ritual viajero también me lleva, en horas vespertinas y ya libre de obligaciones, a visitar librerías a la caza de novedades, o de viejas obras a la que se les ofrece otra oportunidad de conquistar espíritus. Esta vez los elegidos fueron, influido por uno de mis blogs de cabecera, Opiniones intempestivas, “Retrato de un hombre inmaduro” de Luis Landero (José Antonio Flores hizo una breve reseña) y “Nueve cuentos” de Jerome D. Salinger (rindió también en su bitácora un homenaje tras su muerte).

Había oído o leído acerca del talentoso escritor de origen extremeño, pero no suelo encontrarme cómodo con la novela española contemporánea, salvo honrosas y eclécticas excepciones: Vila-Matas, Delibes, García Pavón, Quim Monzó o Eduardo Mendoza. Pero en aquellas librería, quizá por el imperioso deseo de llevarme un libro como botín tras el asalto de la ciudad foránea, decidí comprar la última novela de Luis Landero. Y, tras su lectura, puedo decir que fue un acierto.

Retrato de un hombre inmaduro es una novela donde el protagonista narra en primera persona, y en su lecho de muerte, su vida. El recuerdo de distintas y curiosas situaciones que no siguen un orden temporal, el pintoresquismo de los personajes que le acompañan, o las reflexiones impregnadas de humor yprofundidad son los instrumentos que de forma hábil y efectiva emplea el escritor para esbozar con oficio a un hombre complejo, errático y contradictorio.

Mi segunda elección fue un librito de cubierta muy discreta y clásica, encuadernación de tapa dura, y a un precio más que razonable, perteneciente a la colección Diamante de Edhasa. Se trata de una serie que, a modo de celebración, rescata del fondo que la editorial ha ido reuniendo durante sus 60 años de existencia los títulos más representativos de su vida editorial (La isla del tesoro, Nuestro hombre en la Habana, Un mundo feliz, La peste, Manhattan transfer, Primavera con una esquina rota, o Memorias de una amante sarnoso, por poner algún ejemplo de la calidad y variedad de las propuestas). Me decanté por Nueve cuentos del recientemente fallecido Salinger.

Salinger, nos dejó una novela extraordinaria –El guardián entre el centeno- y una serie de relatos breves que lo sitúan entre uno de los mejores cuentistas de la literatura del siglo XX. En Nueve cuentos el escritor retrata con pluma ágil personajes e historias que reflejan su peculiar forma de ser y entender la vida, su pesimismo existencial y la honda huella que le dejó su experiencia en la 2ª Guerra Mundial.

P.S. He de confesar, que no era a Salinger a quien buscaba, pues aunque me encantó El guardián en el centeno, tenía mucha curiosidad por leer Viaje al fin de la noche de Louis-Ferdinand Céline, magnífico escritor y discutible persona. No la tenían.

domingo, 17 de enero de 2010

El manantial (King Vidor, 1949)

Hace poco he tenido el placer de ver una de las mejores películas de King Vidor, un director enorme que ha hecho el cine un poco más grande. “Fountainhead” o “El manantial” cuenta con un reparto encabezado por Gary Cooper, dignamente acompañado por secundarios de auténtico lujo (Patricia Neal y Raymond Massey) y el virtuosismo musical de Max Steiner.

Cooper encarna a un abnegado arquitecto que persigue sus ideales ignorando – de forma insultante para quienes buscan pervertirlo para ponerlo a su servicio – modas, convencionalismos sociales, o peajes para alcanzar el éxito fácil. En esta lucha desigual y titánica que libran sus principios contra la masa, manipulada hábilmente por el director de un importante periódico (Massey, como antihéroe), y con el único apoyo de su valiente enamorada (Neal, la heroína atormentada).

Las interpretaciones, especialmente la de Patricia Neal, pueden parecer excesivamente melodramáticas pero son totalmente acordes con el gusto de la época. También es muy destacable su fotografía en blanco y negro, perfecta para reflejar dramáticamente la épica de la historia (contraste de luz y sombra, colosalismo arquitéctónico de los interiores, planos contrapicados, panóramicas de gran perspectiva en los exteriores), la evolución en los roles desempeñados por la pareja protagonista (planos en la cantera con Neal en una posición elevada frente a Cooper, y viceversa en el momento final) y la tensión sexual que existe entre ellos (recurrencia a símbolos fálicos en las escenas que aparecen juntos: martillo eléctrico, punzón o prominentes rascacielos).

Por cierto, los proyectos y edificios del arquitecto de la película se parecen sorprendentemente a los que en su día realizó Frank Lloyd Wright.

Película absolutamente recomendable que transmite buen cine y valores: mantenimiento de principios e ideales por difícil que nos resulte, perseverancia, esfuerzo e integridad. Algo de lo que andamos muy necesitados en una sociedad cada vez más dada a la molicie, la comodidad y el conformismo.

sábado, 2 de enero de 2010

La felicidad como obligación ética


A menudo se dice que las personas inteligentes son pesimistas y cobardes porque suelen ser conscientes de los peligros y tribulaciones que amenazan nuestras vidas. Creo que no deja de ser otro tópico, y como la mayoría de ellos, discutible.

Ahora que empieza un nuevo año, cargado de buenos propósitos, pero en el que, a juzgar por la prognosis que nos endilgan los expertos analistas de esa ciencia o alquimia que se llama economía, es mucho más perentoria la necesidad del optimismo. No me refiero a esa felicidad idiota y acomodaticia del conformarse, del resignarse con los acontecimientos que nos depara este mundo. Mi aspiración es radicalmente distinta. De acuerdo que parte de una aceptación de nosotros (carácter, situación, circunstancias, entorno), de tratar de ver, por poco que nos gustemos, lo bueno que somos y tenemos, o la parte favorable de cuanto nos acontece. Y, lo más importante (donde radica la diferencia al talante memo), mudar todo lo que nos desagrada y entristece, en cosas que nos hagan estar un poco más satisfechos, para transmitir ese sentimiento, ese ánimo, a nuestros compañeros de camino.

No deja de ser una receta sencilla y manida que suena muy “naif”, pero no por ello menos cierta. Lo difícil es reunir el coraje, y abrazar con fuerza – “un abrazo chillao” – la actitud positiva.

Feliz 2010.

martes, 17 de noviembre de 2009

¿Igualdad de genero? Antes no, ahora... tampoco

La Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral Contra la Violencia de Género es la norma que más recursos de inconstitucionalidad ha recibido en toda la historia de la España democrática. Más de 150 jueces han expuesto sobrados motivos para presentar dichos recursos ante el Tribunal Constitucional. Y todo esto a pesar a ser presentada a bombo y platillo por nuestro feminista presidente de Gobierno.

Las denuncias falsas de maltrato, tanto físico como psicológico, son empleadas por mujeres sin escrúpulos como mecanismo para obtener ventajas de la ruptura del matrimonio, como venganza, y lo que es peor, como instrumento para lograr el distanciamiento de los hijos de los padres. La Ley Integral, además de haber demostrado su escasa eficacia en la lucha contra la violencia de genero (juzgados saturados, multitud de falsas denuncias que impiden investigar seriamente las denuncias reales…), sitúa al hombre en una situación de indefensión ante una denuncia falsa. Por eso, parece que a la Ley Integral podrían exigírsele algunas cosas: igualdad de trato para hombres y mujeres, contundencia ante el maltrato y la misma contundencia ante las denuncias falsas ya que le pueden arruinar la vida a cualquiera.

Para terminar una frase de José Díaz Herrera en su libro El varón castrado: “En el primer año de Ley de Violencia de Género se han detenido a 160.000 hombres sin pruebas y ante sus vecinos. Sin embargo, en nueve de cada diez casos se demuestra judicialmente que es inocente, pero le queda el estigma de maltratador”

sábado, 7 de noviembre de 2009

La soledad de los perdedores

(A Miguel, quien un día decidió saltar y marcharse de su vida)

Hay gente que nace distinta. No sabría decir por qué, aventurar la causa, o dar una razón que resuelva el enigma. Pueden ser niños muy felices, pero habitualmente necesitan de momentos de soledad que, a diferencia de lo que comúnmente son para el resto, no resultan trances tristes, sino ocasiones muy fértiles donde dibujar otros mundos imposibles pero siempre más amables.

Crecen y se van haciendo impermeables, a fuerza de sentirse incomprendidos, incómodos e incluso angustiados por la sensación de que no hablan el mismo idioma que los demás, no sienten de la misma forma, ni tienen intereses o inquietudes parecidas. Sentimientos que se les van clavando hasta llegar al momento crítico en sus vidas, a la encrucijada donde hay únicamente dos caminos. Uno primero, difícil, pero de salutífera aceptación, donde lo que antes era visto como rareza es ahora una muestra de su peculiar genio (benditos friquis). El segundo, tortuoso y desesperante, en el que no existe estación término, tan solo la negación de la inexorable y patente realidad. Es el camino de los perdedores, de aquellos que cansados de la agonía, esperan postrados que la carretera desaparezca en mitad de la nada, o simplemente, intuyendo la ausencia de destino, deciden saltar del vehículo en marcha.

domingo, 19 de julio de 2009

El Carnaval de las Locas


Tras un tiempo inactivo en mi blog, producto de una decisión desacertada (resolví que debía recortar gastos a base de eliminar “caprichos”, para un tiempo después darme cuenta de la necesidad de Internet para no quedar descolgado y convertirme en un “analfabeto informacional”), he vuelto a navegar por la red. Aquí estoy de nuevo para compartir ideas que se me pasan por la cabeza y aprender de vuestros sustanciosos comentarios.

Para volver, nada mejor que hacerlo con un tema peliagudo. El 28 de junio se celebra cada año el día del orgullo gay, conmemorando el incidente, sucedido en 1969, en el que la policía de Nueva York detuvo a un grupo de homosexuales que estaban en un bar de ambiente. A partir de esta fecha los homosexuales toman conciencia de la necesidad de movilizarse para reclamar sus derechos. También cada año, el siguiente sábado al 28 de junio, se oficia esta fiesta a nivel nacional en Madrid, para que todas las personas de provincias puedan unirse a él.

Y hasta ahí todo me parece genial, el problema empieza cuando echas un vistazo por la tele, la radio o los periódicos, y observas la imagen del festejo, las consignas que se transmiten o el mensaje que la celebración despacha. Una fiesta donde supuestamente se reivindica la normalización del colectivo homosexual y transexual, pero en la que la provocación es la moneda habitual. Ridiculizar y agredir a la iglesia o a sectores de la sociedad que no comparten su ideario no me parece la manera más afortunada de obtener el fin que se persigue. Otra cosa es que determinados sectores deban evolucionar en sus planteamientos (conviene airear una estancia cuando huele a rancio), pero con provocaciones de esta traza se consigue el efecto contrario.

Por argumentos parecidos, algunas asociaciones de homosexuales, como COLEGA, están en contra de tan chabacana cabalgata, y eso pese al apoyo inquebrantable de políticos como Aído o Zerolo, quien pareciera que ha hecho de su condición de homosexual una profesión (hace unos días comentando el asunto con un amigo, líder de un grupo de pop-rock que tuvo cierto éxito en Andalucía en los años ochenta y noventa, me habló del radical cambio de imagen que ha experimentado el político, tras haberlo conocido en un despacho de abogados de Madrid, donde era compañero del letrista de la banda de mi amigo).

Quizá sería aconsejable dejarse de espectáculos groseros –celebrando si apetece un carnaval gay pero alejado de cualquier tipo de reivindicación- y apostar por iniciativas en educación y política social que permitan una completa normalización, y la dignidad de homosexuales y transexuales.

También se le hace un flaco favor al conjunto de reivindicaciones, utilizando políticamente el acto, manteniendo el bulo de que los partidos conservadores se oponen a la ampliación de derechos individuales o a la igualdad real entre los ciudadanos.

Sobre la necesidad de celebrar este tipo de actos escribía un artículo el magistrado Marlaska -considerado por el periódico el Mundo, el homosexual más influyente en España (lo siento Zerolo, la gente no es tan superficial como crees)- en el que llamaba la atención sobre la discriminación que en algunos ámbitos (escuelas, determinadas profesiones…) sufrían los homosexuales. Absolutamente de acuerdo con los argumentos que exponía, y con la oportunidad de actos donde se reivindiquen la plena aceptación por parte de la sociedad y los derechos de los homosexuales. Pero mi desacuerdo no con el fondo, sino con su estética grosera, y con las provocaciones, insultos y ataques a instituciones, partidos, personas o sectores de la sociedad que defienden un modelo de sociedad diferente.

jueves, 26 de febrero de 2009

La huella del pasado


Desde hace un tiempo por motivos de trabajo, pero también por querencia o capricho, me he visto “obligado” a adentrarme más profundamente en la historia medieval española, concretamente en la crónica de la España islámica. Y gracias a la erudición y el rigor de los estudiosos – Julio Valdeón, Rachel Arié, Dozy, Watt, Ladero, Luis Suárez, Sánchez-Albornoz, Serafín Fanjul… - llegar a ser un poco consciente de la importancia de la impronta del Islam en nuestra sociedad.

Resulta difícil teniendo presente la realidad actual de la civilización islámica – en la mayoría de los casos teocracias ancladas en la Edad Media - que ésta alcanzase, entre los siglos VIII y XV, en nuestro país tal sublimidad intelectual y artística. Cuentan los historiadores que los ejércitos cristianos, cuando tomaban las ciudades de Al-Andalus movidos por el espíritu de la Reconquista – que no era sino un trasunto de la Guerra Santa de los musulmanes – admiraban boquiabiertos la belleza de su arquitectura, la elegancia de sus artes decorativas, sus progresos científicos y técnicos, o la delicadeza de su música y su literatura. Tanto es así, que las cortes y alta nobleza de los reinos cristianos adquirieron muchas de las costumbres y usos de Al-Andalus, y era muy común que vistiesen a la moda musulmana, decorasen sus palacios con artesanía morisca, o encargasen edificios civiles, militares y religiosos a alarifes mudéjares. Gracias a la influencia de la civilización islámica española podemos disfrutar en la actualidad de palacios como el Alcázar de Sevilla, templos como la Catedral de Teruel o castillos como el Alcázar de Segovia.

Es cierto que en la sociedad española actual, aunque le pese al tropel de renegados y obtusos, pesa mucho más la tradición judeocristiana, pero no podemos por ello negar la influencia de Al-Andalus, lugar donde la civilización islámica alcanzó sus más altas cotas de virtuosismo. Ejemplos palmarios de aquel extraordinario pasado son la Alhambra de Granada, la Mezquita de Córdoba, la filosofía de Averroes o los poemas de Ibn Hazm o Al-Mutamid.

lunes, 5 de enero de 2009

El Fin de la Aventura


Entre los libros pendientes de lectura, llevaba un tiempo aguardando su turno Cuento de Navidad de Charles Dickens. Quizá porque es un autor que, aunque me gusta, no llega entusiasmarme – perdón por la herejía, pues a juicio de los críticos literarios se trata de uno de los mejores narradores del siglo XIX -, pues pese a la magistral factura de sus relatos, no me siento atraído con su maniqueo mundo de buenos y malos. Simplista universo de ficción más evidente aún en este relato concebido para un público infantil o juvenil, en el que el autor cree conveniente una moraleja. El edificante mensaje es transmitido al protagonista – un viejo avaro y huraño – por cuatro espectros que se le aparecen sucesivamente y le hacen comprender que la verdadera felicidad no está en la acumulación de cosas materiales y sí en la bondad con nuestros semejantes. Como hipótesis parece bastante lógica y aceptable, por lo que no resulta extraño que haya sido planteada en multitud de manifestaciones de nuestra cultura y nuestro arte. Ahora mismo me viene a la memoria, como ejemplo paradigmático, el cine de Frank Capra y de forma muy especial esa maravilla del séptimo arte que es It’s a wonderful life (1946). Por el contrario, tampoco resulta difícil encontrar quien pone en duda tan radical dualismo en la naturaleza de nuestra especie. Por poner otro ejemplo, recuerdo el hilarante y soberbio Cómo ser buenos (Nick Hornby, 2001).

Quizá sea porque lo veo todo mucho más gris e indefinido, y pienso que todos – o casi todos – somos héroes o villanos dependiendo de nuestras circunstancias, cuando la tesitura de la vida nos obliga a elegir entre una u otra condición. Y, tal vez, en la aceptación de uno mismo comience el camino hacia la felicidad.


Dejando a un lado las disquisiciones metafísicas, también he podido ver The Strange Woman (Edgar G. Ulmer, 1946). Interesante película de un director que se movía lejos de los grandes estudios y las superproducciones de Hollywood, muy habitual del injustamente despreciado cine serie B, y que en este caso logra, con la ayuda de un buen elenco de actores (Hedi Lamarr, George Sanders y Louis Hayward, entre otros), una obra bastante digna.

La protagonista de La extraña mujer me recordaba a la joven que arruina la plácida vida de epicúreo Albinus, en esa novela primeriza de Vladimir Nabokov que lleva el titulazo de Risa en la oscuridad (del autor de origen ruso son mucho más conocidas Fuego pálido, Ada o el ardor, y por supuesto Lolita, pero si podéis encontrarla – si no hay una edición reciente en librerías, probar en cualquier biblioteca pública, en alguna librería de viejo, o en portales de libros antiguos y usados- os la recomiendo encarecidamente, porque es una auténtica joya). Al ver la película, no paraba de pensar en Margot – que así se llamaba la pécora -, poniéndole la cara y el cuerpo de la espléndida Hedy Lamarr, bella entre las más bellas (Gene Tierny, Julie Christie, Sofía Loren, Ashley Judd o Catherine Zeta-Jones por citar actrices que encandilan a la cámara eclipsando a cualquier partener), y en cómo una pasión irracional puede anularnos totalmente, convirtiéndonos en un pelele en manos de cualquier desaprensivo sin escrúpulos.

En fin, terminan la Navidad, los días de asueto, las comidas pantagruélicas y el pequeño superávit de tiempo para poder dedicarlo a las aficiones de cada uno. Vuelven la rutina, los madrugones, los atascos, el trabajo, las prisas… El milagro es encontrar un ratito para poner nuestra atención en un libro, una película…, o lo que le guste a cada uno. Con empeño y buena organización se consigue, pero si aun así tampoco, consolémonos con que ya queda menos para Semana Santa o el verano. Mucho ánimo y felices Reyes.

sábado, 22 de noviembre de 2008

La Cúpula de la Alianza de Civilizaciones o el progresismo manirroto

Desde la propuesta de una Alianza de Civilizaciones de nuestro presidente Zapatero –remedo del Diálogo de Civilizaciones que planteó también ante Naciones Unidas el político iraní Muhammad Jatami- en la 59ª Asamblea General de la ONU en 2004, como instrumento de acercamiento entre Occidente y los países musulmanes a través del moderación de las desigualdades económicas y el diálogo cultural, y como alternativa pacifista a la solución militar frente al terrorismo islámico, han apoyado esta iniciativa más de 80 países. La confianza en el invento, presumiblemente amplia en vista de su número de avales, no lo debe ser tanto a juzgar por la discreta cifra que representa a los países que han aportado financiación, poco más de una decena.

También se han manifestado voces críticas en torno a la iniciativa, tachándola de bisoña o censurando su relativismo moral –tan característico del buenismo de ZP- al igualar todas las civilizaciones.

El miércoles pasado, cuando fui a desayunar a mi cafetería habitual –una de las pocas en las que todavía puedes disfrutar de buen café y exquisitas tostadas sin pensar que te están afanando la cartera- mientras esperaba a mi compañero de tertulia matutina, hojeé el periódico que estaba libre, concretamente “El Mundo”. Quedé totalmente impactado por el efectismo de su portada. Contraponía dos fotografías por un lado la inauguración en la Cúpula de la Sala XX de la sede ginebrina de la ONU –bautizada por Zapatero, implicado personalmente en el proyecto, como Sala de la Alianza de Civilizaciones-, de la fastuosa obra del artista Barceló, y por otro unos bebés congoleños sobre unas camillas en una humilde sala que hacía las funciones de hospital a los que se les trataba de salvar la vida con unos modestísimo flexos a modo de improvisadas incubadoras.

El Estado español pagará 7,4 de los 20 millones de euros que ha costado el “mar-cueva” –11 de los cuales se embolsará el artista mallorquín- y el resto será financiado por capital privado. Este afán derrochador de nuestro gobierno en tiempos de inminente recesión –ya incluso reconocida por el ministro Solbes- resulta indecente al comprobar que 500.000 euros de la cantidad abonada por España han sido detraídos de los fondos destinados a la Ayuda al Desarrollo para costear el ostentoso adorno. Mientras tanto en la República Democrática del Congo se está librando una cruenta guerra civil que ocasiona decenas de miles de víctimas, para quienes la ayuda que está proporcionando la misión de la ONU, por grande que sea, –que lo es- siempre resultará insuficiente.

Por todo ello, al mirar las dos fotos encontradas en esa portada sentí una profunda tristeza por el destino de esas inocentes víctimas, y también una rabia infinita por la vanidad y la arrogancia obscena de políticos que se permiten lecciones de solidaridad y preocupación por los más desfavorecidos sin mostrar el más mínimo pudor, a la vez que emplean los fondos destinados a combatir la pobreza para costear sus faraónicos perifollos.








viernes, 24 de octubre de 2008

Dashiell Hammett que estás en los cielos...


Me tomo la licencia de remedar el título de una película de la cineasta Pilar Miró -mujer rotunda atrapada en un delicado cuerpo- en el que rendía un homanaje a Gary Cooper como encarnación del amor ideal (eso sí que era cine español con mayúsculas), para traer a colación en este rincón a mi admirado Dashiell Hammett.

Hace ya unos cuantos años que llegaron a mis manos unos ejemplares de "Ajoblanco". Se trataba de una revista hecha en Barcelona, escrita en castellano, con un espíritu crítico y abierto, y cierto tono libertario. Desgraciadamente desapareció definitivamente en 1999 por la falta medios y de subvenciones, empobreciendo más aún el páramo cultural que el nacionalismo intenta imponer en Cataluña. Disculpar la digresión, pero es que esta revista fue un hito cultural en nuestro país, y me dió mucha pena cuando dejo de publicarse. Gracias a Ajoblanco pude conocer la novela negra americana, y a uno de los padres, en mi opinión el principal, del género: Dashiell Hammett. Hasta entonces, yo consideraba que la novela negra era una literatura menor. Equívoco resuelto por un número de la publicación donde había varios artículos que aludían a la calidad de sus obras y el buen oficio de sus autores.
Dashiell Hammett llevó una vida muy ajetreada e intensa, cuya experiencia plasma en sus relatos -entre otras muchas cosas fue detective privado- y que le confieren un estilo literario directo, brusco y realista, plagado de ágiles diálogos y acción, que produce historias donde lo verdaderamente importante no es la resolución del enigma que plantean -propio de los relatos de misterio de Conan Doyle, Chesterton o Christie por ejemplo- sino mostrar sin tapujos la despiadada realidad social a la que se enfrenta el protagonista. Éste, sea Ned Beaumont, el agente de la Continental, Sam Spade o Nick Charles, es un detective duro y sin demasiados escrupulos -sobran en un mundo de corrupción y violencia- que sobrevive a las tragedias cotidianas y a la falta de fe en el género humano, renunciado a cualquier tipo de emoción.

Hammett, como otros autores de literatura negra contemporáneos como Raymond Chandler (otro grande del género), publicaban sus novelas por entregas en la popularísma revista "Black Mask". Una "pulp magazine" (revista de ficción barata) donde escribían algunos de los mejores autores de la narrativa estadounidense del siglo XX.

A partir de 1934, poco despúes de comenzar su relación con Lilian Hellman, activista de izquierdas y aspirante a escritora, no volvió a escribir nada destacable (guiones para películas, series de televisión y programas de radio, y algún relato corto). En 1936, ingresó en el partido comunista, probablemente arrepentido de sus andanzas como "rompehuelgas" en su etapa como detective, y llevando a cabo una comprometida lucha en defensa de los derechos civiles. Más tarde, fue encarcelado durante unos meses por "actividades antiamericanas", en la caza de brujas organizada por el machartismo.

He leído que comenzó a escribir no por afición, sino con el objetivo de disfrutar de una vida más cómoda y sosegada. No lo creo, pero si fuera cierto, no amengua el hecho de ser un genio que aunó el éxito entre los lectores con el respeto de la crítica, y que pese a su reducida producción -cinco novelas y unas decenas de relatos cortos- y la brevedad temporal de su periodo creativo (1929-34) haya llegado a convertirse de los autores más importantes de la narrativa contemporánea al que debemos obras de arte tan espléndidas como "Cosecha roja" o "El halcón maltés".

sábado, 23 de agosto de 2008

Canícula de lectura

Tras semanas de abandono de mi querido y maltratado blog, vuelvo a la carga con algunas recomendaciones de libros. Este verano, y pese al poco tiempo de que dispongo para esta "manía" -una apreciación subjetiva, ¿poco tiempo comparado con quién?- estoy acertando con mis elecciones. Tengo unos cuantos libros pendientes, aunque no todos me proporcionarán tanta satisfacción como los que ha leído hace poco o continúo descifrando.
Comencé el verano con algo ligero -por supuesto no por sus argumentos y su calidad literaria- y francamente entretenido: El candor del padre Brown de Gilbert Keith Chesterton. De este autor británico sólo había leído su peculiar Breve historia de Inglaterra, publicada por esa magnífica editorial que es El Acantilado. Con tan feliz precedente (un estilo muy original, una erudición sin visos de afectación y sublimes pinceladas de humor), decidí salvar de mi librería de viejo habitual una de las entregas de la aventuras de ese atípico detective amateur que es el pequeño y rechoncho sacerdote católico conocido como padre Brown. Son una serie de pequeños relatos, que dan muestra de la agudeza del clérigo y de su prodigioso conocimiento de la mente humana en la resolución de una serie de insólitos y misteriosos crímenes que suceden alrededor de nuestro protagonista.
A continuación, e invadido por una sed de misterio, supense y terror que mitigara los calores estivales, me decanté por Otra vuelta de tuerca del norteamericano, nacionalizado británico, Henry James. Tampoco había leído mucho de este autor, en realidad únicamente me había topado hace un par de años con El cerco de Londres, obra donde compara -si la memoria no me traiciona- las convenciones de la alta sociedad británica (conservadora y encorsetada) y la estadounidense (más espontánea, inocente y liberal) a través de una joven americana empeñada en triunfar en los salones de baile más aristocráticos de la vieja Inglaterra. Obra menor, en comparación con la espléndida Otra vuelta de tuerca, novela de terror, en la que una institutriz nos cuenta su experiencia en una masión rural al hacerse cargo de dos huérfanos, sobrinos de un distinguido caballero, que con una ajetreada vida social en Londrés, no tiene el más mínimo interés en los niños. Una vez en Bly, la misteriosa residencia de los infantes a los que tiene que educar, ha de enfentarse a los fantasmas del pasado que se resisten a abandonar a sus excepcionales pupilos. Intriga sin tregua y profundo análisis psicológico de los personajes con un súbito final, que, aunque tiene sus detractores, a mí me parece brillante, además de estar abierto a múltiples interpretaciones. La historia ha sido llevada al cine en distintas ocasiones, pero quizá la más lograda es la película de Jack Clayton The innocents (1961) con una soberbia Deborah Kerr.
Por último, y para no abundar en la literatura anglosajona y hacer un poco de patria, Pipá de Leopoldo Alas "Clarín". Autor anticlerical, muy influenciado por el naturalismo de Zola. Pipá, primer libro publicado por este zamorano, maestro de la prosa corta, es un colección de relatos que toma el nombre del primero de ellos, y que retrata en crudo, mordazmente, y "sin edulcorantes" los vicios de la sociedad española a finales del siglo XIX. Adiós, Cordera y especialmente La Regenta, son títulos mucho más conocidos y notables de este autor, pero quizá por ello tienen una popularidad que ensombrece otras obras de Clarín que pueden llenar de disfrute nuestros ratos de solaz, y ayudarnos a conocer a un escritor preocupado por elevar el nivel cultural de sus conciudadanos y alejarlos de la vulgaridad imperante, y que tuvo gran influencia en el regeneracionsimo de la Generación del 98 (Azorín, Baroja, Unamuno, Manuel y Antonio Machado, Ganivet, Maetzu, Benavente, Blasco Ibañez...) y en la literatura española posterior.
Continúa mi verano, y prometo otro nuevo capítulo con más recomendaciones que espero que a alguien puedan resultar valiosas.

martes, 1 de julio de 2008

El moderno Prometeo


Hace muy poco he terminado un libro que me parece merecedor de un comentario, por breve que sea, y de una reflexión. Se trata de Frankenstein o El moderno Prometeo de Mary Shelley, cuyo personaje, a diferencia de otros mitos del terror como Drácula, nacidos de leyendas populares y recrados por literatos o cineastas, es fruto de la portentosa imaginación de la escritora inglesa.


Frankenstein tiene su origen en un ingenioso pasatiempo ideado por Lord Byron, durante unas vacaciones que disfrutó en Suiza, acompañado por el matrimonio Shelley y el doctor Polidori. Tras leer una antología de cuentos de terror populares en Alemania, Byron invito a sus amigos a inventar una historia de terror. Mary, tras un sueño, ideó a la criatura que nos ocupa. Con el tiempo, la historia, profusamente versionada en la literatura, el cómic y el cine - El Golem (1921), Doctor Frankenstein (1931) son ejemplos de películas magistrales basadas en este relato- se han convertido en auténtico mito popular.


La novela - considerada la primera obra sobre ciencia ficción - se plantea cuestiones como la moral científica, la ambición del ser humano al intentar ocupar el papel de Dios, o la inclinación natural del hombre hacia el bien o el mal y su envilecimiento o regenaración en contacto con la sociedad. Particularmente, el tema que más me interesa es el último.
¿Nacemos con una disposición hacia el bien o el mal, o la vamos adquiriendo conforme establecemos relaciones con nuestros semejantes? ¿Qué importancia tiene la influencia de nuestra experiencia para decantarnos hacia un lado u otro? Creo que el contacto con la sociedad, las vivencias que vamos acumulando, son las que van inclinando nuestra actitud y comportamiento hacia la benevolencia o la perversidad. Si es así, ¿no debiera ser el ambiente en el que se ha movido un individuo que ha cometido un delito, teniendo en cuenta fundamentalmente su niñez y adolescencia, un atenuante e incluso un agravante, en función de lo penoso o lo cómodo que haya sido este contexto?

viernes, 30 de mayo de 2008

Obsesión

(Relato muy breve y de hace unos años. Me da mucha pereza escribir y aún más verguenza mostrar lo poco que he hecho, pero alguna vez tenía que ser la primera).

Cada mañana, esperaba con impaciencia el momento de tomar el autobús para encontrarme con ella. Desde la primera vez que la vi, no podía apartarla de mi mente y la media hora de trayecto se me hacía escasa. Tanto que empecé por no apearme en mi parada, para conocer cuál era su destino, y desde allí ir caminando a la oficina. Al tiempo, aquello resultó insuficiente y me atreví a seguirla al desconchado edificio al que se dirigía cada mañana.

Un día el director de la empresa me llamó a su despacho y me dijo que mi rendimiento había bajado mucho y además llegaba tarde de forma habitual, por lo cual había decidido despedirme. Contesté con un lacónico y sonriente: no se preocupe, lo entiendo.

Esa nueva coyuntura me permitió montar guardia en la cafetería que había frente a su portal. La esperaba hasta que saliera para escoltarla en su largo paseo vespertino en dirección a la destartalada pensión donde se alojaba. Después de semanas de vigilancia, alcance cierta intimidad con el solícito camarero de aquel café, el cual me informó de que las chicas que entraban y salían de aquel edificio trabajaban en una casa de citas. Lo que en principio fue una desagradable sorpresa, pronto se convirtió en la oportunidad de mi vida. Aquella misma tarde la abordé, le dije que llevaba casi un par de años siguiéndola, que conocía donde trabajaba y que pese a encontrarme sin empleo, iba a luchar por redimirla y ofrecerle una vida mejor, más digna. Me miró atónita, y cuando logró recomponerse, se rió en mi cara, llamándome: enfermo, loco, desgraciado. Finalmente, me soltó que un hombre de negocios le había prometido un bonito apartamento y mucho dinero por dedicarse a él en exclusiva, y que no estaba dispuesta a perder ese tren por un fracasado como yo.

Días más tarde, supliqué a mi director recuperar mi antiguo puesto. Tuve que aceptar un menor sueldo y un horario leonino, pero fui readmitido. Más adelante, me ascendieron a jefe de departamento, y a los pocos años, tras la jubilación del director, fui su sustituto. Ahora tengo una esposa joven, guapa y complaciente, dos hijos preciosos, un chalet con piscina en una urbanización de lujo, su perro con pedigrí, y un coche de importación. De ella, -no recuerdo si llegué a conocer su nombre- no se supo nada más. Se lo advertí: sería mía o de nadie.

domingo, 11 de mayo de 2008

Otros ámbitos

Córdoba, Plasencia, Salamanca, Avila, Sevilla.
Esta semana ha sido bastante completita: congreso en Salmanca durante la semana, y boda en Sevilla como colofón a este periplo por tierras de nuestra España.
En esta ocasión aproveché para empacar junto con mudas, algún libro, y la bolsa de aseos -siempre "ligero de equipaje como los hijos de la mar" una camiseta, un pantalon de deporte y una zapatillas. Recordé lo que había disfrutado con la crónica de mi amigo Paco Montoro de su entrenamiento a orillas del Turia, y decidí emularlo modestamente -no por el río ni por el escenario, espectacular, sino por mis limitadas condiciones como atleta- corriendo por las orillas del Tormes. Estaba alojado en el Parador, por lo que sólo tenía que bajar la colina donde se erige este para encontrarme con el puente romano que comunica con el casco histórico de la ciudad.
Tan sólo puede salir a correr un día, el trasnoche y la intensa actividad de las jornadas impidieron repetir la experiencia, pero fue fabuloso. Los cuarenta minutos que duró mi carrera, comenzaron a trote tranquilo hasta alcanzar el puente romano, y dejarlo a un lado, tomando un camino de tierra que discurría sobre un verde parque, donde el ritmo fue volviéndose más vivo animado por la belleza del escenario que tenía a mí derecha: la Catedral Nueva de Salamanca, escoltada por las torres de otros templos. Más tarde, llegué a las pistas deportivas de la Universidad, atrevesándolas con resolución, para ascender por una interminable escalera a un moderno puente que me llevó a los jardines de un complejo hospitalario, desde el que alcancé callejeando, el centro de la ciudad. Las calles de la vieja Salamanca estaban casi desiertas -era muy temprano- y tan sólo cruce mi mirada con gente que iba probablemente a cumplir con sus obligaciones y con los ojos cansados de algún estudiante tras una noche de francachela. Llegué a ritmo vivo a la Plaza Anaya, rodeé la Catedral y bajé hasta el puente romano. Al cruzarlo apreté algo el ritmo para echar el resto en la colina que ascendía hasta mi alojamiento. La temperatura era perfecta, una mañana fresca pero no fría, el cielo estaba limpio de nubes y polución, y la vegetación -es una ciudad llena de parques y jardines- preñada de primavera. Para repetir.
En el viaje de ida tuve la feliz idea de hacer un alto en Plasencia -no conocía esta ciudad extremeña- y disfruté de un paseo por el casco histórico de está bonita y desconocida ciudad con un importante patrimonio histórico artístico (algo descuidado), enclavada en un espacio natural de una belleza impresionante.
A la vuelta, parada obligada, tenía que consultar en Ávila. Intenté -pues no los encontré- localizar unos documentos en el Archivo Militar, situado en la antigua Academia Militar de Intendencia, junto a la Plaza Mayor. He visitado muchas veces Ávila, pero nunca me deja indeferente esta pequeña y recoleta ciudad cargada de historia. Antes de continuar hice un alto en un concurrido bar, para reponer fuerzas con las que afrontar una larga jornada de viaje. Disfruté de una cerveza con una deliciosa tapa de paella (a continuación pedí un plato, pues me supo a poco), y del paisanaje entretenido en animadas conversaciones en torno a vasos de cerveza o vino.
Para el fin de semana, viaje a Sevilla para asistir a una boda. Conozco muy bien la ciudad, y me encanta su primavera, incluso pasada por agua como en esta ocasión. Ocasión excelente para ver a la familia, se casaba un prima, y apreciar el arte barroco del Hospital de la Caridad de Sevilla. Magnífica elección que permite recrearse con su altar, las esculturas de Pedro Roldán o las pinturas de Murillo o Valdés Leal (cuando vivía allí, eran frecuentes mis visitas a su templo para admirar las escatólogicas obras de este artista).
Finalmente, vuelta a la serenidad y seguridad del hogar, tras tantos kilometros, experiencias y recuerdos. Viajar es maravilloso, pues vuelve uno más rico y más lleno, para apreciar lo que uno tiene.

viernes, 28 de marzo de 2008

Tempus fugit

Ahora es fácil, todo es fácil, me basta un susurro
La Unión "Dónde estabais"

Tengo todo el día pegada esta canción a mi cabeza. Una de las mejores canciones de esta banda, todavía en activo, que me ha acompañado durante toda la juventud. He ido envejeciendo con ellos hasta convertirme en un señor maduro que se resiste a serlo, pero al que no le queda más remedio que asumir que la lozanía se amojama tarde o temprano.

Toda esta madeja de palabras para traer a colación el paso del tiempo y sus consecuencias. No me refiero a la decadencia física, que existe y se acepta con la mejor de las caras posibles, sino a nuestra evolución mental. La experiencia va dejando su poso, y día a día se vislumbra el camino un poco más claro, o un poco menos confuso. Y caminando, con paso firme y la mochila ligera, vamos aprendiendo a disfrutar del viaje, buscando la felicidad en las miradas ajenas.
Quizá sólo sea una torpe sucesión de tópicos, mal traída para una causa noble: defender el valor de la veteranía. Eso no quiere decir que no sea cierta